Para una primera conversación no estaba nada mal o eso pensaba yo observando todo lo que me rodeaba y, de momento, lo que me rodeaba no tenia mala pinta. El bar era algo grande, sus paredes pintadas con unos colores que me gustaron mucho, violeta y amarillo, su barra marrón de unos cinco metros estaba entrando a la izquierda y en la derecha y centro diez mesas con sus respectivas sillas.
- Víctor, ven un momento a la cocina.- la voz ronca de Alfonso me llamaba.
- Dime Alfonso.- Le conteste yo acercándome a la cocina
- Tu horario va a ser de ocho ¿vale?, hasta las tres, creo que son siete o ocho horas no lo se, vas a estar de prueba una semana y si veo que me gusta como trabajas firmamos el contrato, ¿que te parece?
- Muy bien.- nos miramos y sonreímos, me daba el palpito de que nos íbamos a llevar bien.
- Mira ven, te voy a explicar como va todo.- Alfonso me dio un pequeña lección de quince minutos, que se quedo bastante bien en mi memoria.
Eran las nueve de la mañana cuando comenzaron a entrar los primeros clientes y empecé a hacer mis primeros cafés, sirviendo las primeras cervezas y toda la simpatía que podía. Los clientes iban y venían y las mesas se llenaban hasta casi ocuparlas todas .
Ya eran las once de la mañana y solo habían un par de clientes, la mañana se había pasado bastante rápida.
- A ver, sentaos tu y Marina allí en una mesa que llevareis hambre y os saco algo enseguida.- por la cara que puso Marina necesitaba el descanso, al igual que yo, había sido una mañana bastante estresada.
Los dos nos sentamos a comer lo primero que habíamos cogido por allí.
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